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Luisa Peña Herrero

Luisa Peña Herrero

Escritoras de la generación del 98, una charla con Carmen Estirado

Un café con Carmen Estirado, autora de «Lo que yo iba escribiendo», para darles voz a las mujeres de la generación del 98.

En la generación del 98 hubo mujeres que escribieron guiones para Hollywood, que cubrieron conflictos bélicos y que publicaron en periódicos. Otras hablaron de veganismo, del sentimiento de culpa, de lesbianismo, de la educación universal. Y todas se sentían muy unidas frente a la injusticia, porque por encima de sus creencias individuales, las movía la lucha conjunta por la igualdad.

Hemos crecido leyendo a escritores. Hemos adorado a los grandes autores que nos han enseñado a amar la literatura. Y en este camino de aprendizaje, apenas nos hemos cruzado con escritoras, pero lo curioso es que ni siquiera nos cuestionábamos su ausencia.

A día de hoy, cuando le pregunto a alguien si conoce a escritoras de finales del siglo XIX o principios del XX, suelen mirarme con asombro. ¡Si en aquella época las mujeres no escribían!

Este desconocimiento general es preocupante, ¿por qué siguen vetando a las escritoras de la generación del 98? ¿Por qué se empeñan en borrarlas? La consecuencia es grave: a lo largo de nuestra vida, muchas mujeres nos hemos sentido incomprendidas en el imaginario construido por hombres. A muchas nos han faltado referentes. 

Por eso, para mí fue un alivio encontrar el libro Lo que yo iba escribiendo, una obra que recupera la memoria de las escritoras que se han empeñado en sepultar. 

Y he tenido la suerte de conocer a la autora, Carmen Estirado, y de charlar con ella para que me cuente de primera mano su experiencia al descubrir los tesoros escondidos de la generación del 98.

Carmen (Madrid, 1985) es escritora y periodista. Autora de Las llaves de la casa, proyecto galardonado con el premio Isla de las Letras a mejor «novela urbana» y de Fábrica de luz. Además, es fundadora y directora de la revista cultural La gran belleza

Carmen Estirado
Carmen Estirado, la autora

¿Cómo se te ocurrió la idea?

Fue un cúmulo de cosas. Siempre he respetado mucho a las mujeres mayores, porque me parecía que tenían una sabiduría más valiente que la de generaciones siguientes. Siempre intuí que habían vivido otras cosas, que se habían enfrentado a otros problemas…, y cuando fui creciendo me cuestioné quiénes habían sido sus referentes.

A su vez, la generación del 98 me marcó mucho. Fueron de los primeros libros que compré en librerías. Gracias a ellos descubrí la poesía, tan sencilla, y la entendí por primera vez.

Además, cuando supe que hubo más mujeres de las que conocemos en la historia, me pregunté: ¿Y si realmente esas mujeres mayores tan sabias tuvieron unas referentes y eso les abrió la mente de otra manera?

Así descubrí que existía una generación de mujeres escritoras del 98. Empecé la investigación y comprobé que no es verdad eso que de dice de «es que ahora cuando estamos sacando un montón de nombres». No, estas mujeres salían en prensa y es una injusticia que no se conozcan.

¿Quiénes eran tus referentes cuando te adentraste en el mundo de la escritura?

Me pasó como a todas. En un momento dado caí en que no me había dado cuenta de que solo tenía referentes escritores hombres. Estudié un máster de Literatura en el que leí muchísimo, y en ese tiempo no caí en que no paraba de leer escritores.

Asumí que era lo que había y que esos eran los genios. Por tanto, los valoré como tal, los amé y no pensé que había nada más. El trabajo que se ha hecho para abrirnos esta puerta es increíble. ¿Cómo no lo cuestioné? ¿Cómo no lo pensé?

Háblame de tu proceso de documentación.

Soy periodista y desde hace muchos años hago periodismo de investigación. Acudí a la prensa de hace 100 años y busqué cómo publicaban Unamuno, Antonio Machado, Valle-Inclán… Saqué dos conclusiones: la literatura era muy importante en la prensa, tanto que diariamente había una noticia. 

Tenía sus propias secciones y arriba a la derecha enunciaban, por ejemplo, «la novela breve», que eran suplementos donde estaban todos los genios y las genias del momento. 

Empecé a hacer un estudio pormenorizado día tras día para ver qué nombres de mujeres se repetían más. Una vez que constaté que estaban estas escritoras, vi que también había alguna relación entre ellas.

Estudiar la prensa me llevó a las obras, las leí todas y descubrí que existían cartas. Es una pena porque apenas hay material, busqué registros audiovisuales o auditivos como entrevistas en radio, pero la hemeroteca solo existe en prensa. 

¿Dónde podemos encontrar archivos de hace más de 100 años?

Cada comunidad autónoma tiene sus archivos. En Madrid está la Biblioteca Regional Joaquín Leguina, y es una maravilla para cualquier persona con un poco de curiosidad histórica. Tienen fotos, ediciones incluso con anotaciones… Por ejemplo, hay obras de teatro de María Lejárraga con apuntes, pues eran con las que ensayaban. 

Dio la casualidad de que uno de los días que fui habían comprado un nuevo lote. Yo había estado buscando mucho tiempo el testamento de Gregorio Martínez Sierra, porque hay cosas que lees por internet pero luego tienes que corroborarlo. Yo me preguntaba ¿de verdad que Lejárraga no recibió dinero por sus obras? Y entonces la directora de la biblioteca me dijo que en aquel lote estaba el testamento. Fue muy emocionante

¿Qué acogida ha tenido un libro que da visibilidad a escritoras "enterradas"?

La gente ha estado muy agradecida. Uno de los comentarios que más escucho cuando alguien se lee el libro es «me ha gustado y me ha cabreado». Es bonito, porque el cabreo es un punto final, y se maneja la ira hacia algún lado.

Estamos en un momento de dar un paso adelante y de que estas mujeres nos acompañen y nos hagan más fuertes. Desde que escribí este libro hay cosas que ya no paso. Por ejemplo: en el mundo del periodismo, de las ideas, hay veces que se roban las ideas. Antes me daba más igual, pero ahora si estoy ante una injusticia intento actuar. 

En cada biografía de las escritoras vemos temas muy de actualidad...

Sí, son temas muy actuales. Ojalá mi madre, o yo siendo adolescente, hubiéramos leído a Carmen de Burgos. Estas escritoras hablaban de relaciones en las que los hombres tienen el peso, de la estructura patriarcal y de sus privilegios… Y explicaban conceptos complejos del feminismo con mucha sencillez.

Desde que escribí el libro estoy muy concienciada. Por ejemplo, cuando un hombre escribe sobre un protagonista hombre, habla sobre el ser humano y la profundidad del ser. Y cuando una mujer escribe de una mujer, enseguida se dice que es una novela de amor o una novela feminista. Pero es que también es una novela del ser humano. ¿Por qué tenemos que sesgar otra vez?

En este momento que el feminismo se está poniendo de moda, y menos mal, a veces corremos el riesgo de volver a sesgar y volver a la idea de «novela con una protagonista mujer es igual a novela feminista». Pero no son libros para que solo los lean las mujeres y no les interesen a los hombres.

Cuando leo mi diario de pequeña, me doy cuenta de que si veía la Bella y la bestia, por supuesto que quería salvar al monstruo y convertirlo en un príncipe azul. Esa era mi idea del amor, la idea que había consumido en todos los cuentos. Por eso, cuando se habla de que las mujeres solo quieren encontrar a un príncipe azul, yo digo: ¿cuántos años nos han repetido esto? O cuando escuchábamos canciones como «así lavaba así así, así barría así así»… Bastante bien estamos y bastantes relaciones sanas mantenemos con el bagaje que tenemos en la cabeza. 

¿Y cuál de ellas es tu favorita?

Me enamoré de todas cuando fui investigándolas. Tenían historias como para hacer una película. Sí que creo que si hubiese leído de joven a Belén de Sárraga me hubiera inspirado mucho. Era como el personaje anti mujer de antes, se fue a Latinoamérica y compartió sus ideales sin importar quién estuviera delante. Incluso cuestionó que Cristobal Colón conquistara América. Si yo no me daba cuenta de que estaba leyendo solo a hombres, ¿cómo iba a caer en que Colón no conquistó América? Belén tiene una sabiduría y una fuerza tan grande que para mí hubiera sido, sobre todo de más chiquita, una inspiración.

¿Qué has aprendido de ellas?

Me ha sorprendido mucho lo diferentes que eran entre ellas. Ahora solemos unirnos feministas en grupos pequeñitos en los que nos parecemos mucho unas a otras, reivindicamos todas más o menos lo mismo. Entre ellas había republicanas, conservadoras… Y estaban en la misma habitación y se respetaban muchísimo.

Se dieron cuenta de la injusticia que tenían en común, y eso me parece de una inteligencia y una sensibilidad suprema. Yo sigo identificando que sigue existiendo una desigualdad brutal, más latente quizá, porque nos cuesta más incluso ponerle palabras, pero esa unión que existía entre ellas, aun siendo tan diferentes, no la podemos perder. 

En Canción de cuna, María Lejárraga cuestiona también que las monjas pudieran tener derecho a la maternidad. Pensaban en quienes eran súper diferentes a ellas pero también estaban en esa prisión, sintiendo esa injusticia por ser mujer. Es una mirada muy generosa. He aprendido de ellas a ampliar mi sentido de la mirada de la injusticia. 

¿Qué obras recomendarías?

Me gustaron mucho las poesías de Sofía Casanova, tienen muchísima profundidad. Es una mujer que ha vivido tantas cosas (muerte de niños, guerras, un marido horrible, vivir exiliada), y cultiva la poesía desde que es jovencita. Sus versos me impactaron.

Por supuesto Carmen de Burgos, que dibuja a una mujer en diferentes escenarios (desde una que viaja sola y no le importa lo que piensen los demás, una que se va de vacaciones con un hombre sin estar casados y luego lo dejan pero lo recuerda con cariño y son amigos…). Todo lo que era impensable antes. Me parece que agudiza mucho en los personajes femeninos diferentes. 

Destacaría los artículos de María de Maeztu en cuanto a educación. Se merece un reconocimiento que no ha tenido en defensa del patio de las escuelas. Todos nos beneficiamos de un patio y ella estuvo luchando para que hubiera uno en cada escuela.

Y también Regina del Amo, porque es fascinante que se metiera en todos los berenjenales (los toros, que hay que ser vegana…). 

En la ilustración de la portada, consigues reunirlas a todas. ¿Cómo podemos unirnos nosotras hoy día?

Quiero pensar, muy optimistamente, que si en esta época fue el inicio del asociacionismo femenino, ahora estamos viviendo una etapa dulce en este sentido.

Estamos volviendo a aprender. Desde hace unos años, si vemos una injusticia en la calle enseguida la denunciamos. En los trabajos también lo siento así. Rápidamente se genera un vínculo de «yo te defiendo, tú me defiendes».

Incluso con la maternidad me ha pasado algo similar. De pronto desarrollé redes nuevas con gente que no conocía y con quienes me atrevía a preguntar cosas porque no tenía ni idea. 

Ahora siento una unión ahí invisible con muchas mujeres en todos los círculos en los que estoy, y es muy importante.

¿Y tus nuevos proyectos son...?

Tengo muchas ganas de escribir una novela. Estoy con ello, en proceso de investigación. He probado algunos capítulos, algunas pinceladas. Es un reto en el que creo bastante, tengo el corazón en ello. Es novela fragmentaria, como se diría ahora, y estoy en el proceso de investigación que me gusta y me emociona mucho. Es un momento de ir a un bar y que de repente aparezca esa palabra que estabas buscando. 

Te aseguro que cuando termines Lo que yo iba escribiendo, aparecerá un nuevo mundo ante ti. Un mundo igual de universal, pero desde una perspectiva diferente. Y, por supuesto, infinidad de libros, historias, anécdotas, vidas. Si te interesa saber más sobre autoras de mediados del siglo XX, te gustará descubrir a Las Sinsombrero: mujeres de la generación del 27. 

LO QUE YO IBA ESCRIBIENDO

¿Qué española escribió en la sombra guiones para Hollywood? ¿Hubo solo hombres cubriendo como reporteros los conflictos bélicos de principios del siglo XX? ¿Cómo era ser lesbiana en el Madrid de la Segunda República? ¿Por qué, cuando se habla de la generación del 98, la mayoría de los libros abordan exclusivamente nombres masculinos? ¿Cómo nació el feminismo en España, y quién lo defendió con uñas y dientes? ¿Por qué hoy es necesario recuperar la memoria y el legado de una generación de mujeres que logró hacer valer su voz, su inteligencia y sus ideas en un mundo de hombres?

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